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Que
la materia con la cual trabaja Agustín Sanz De La Fuente,
sus
relieves y esculturas sea la madera, no es circunstancia arbitraria.
Su entorno siempre ha estado
presidido por
bosques; La
sierra Madrileña le ha procurado su esencia y marcado el
camino
a seguir. Estableciendo con él una especie de
diálogo
casi de forma inadvertida.
Relieves
y figuras exentas constituyen dos aspectos bien diferenciados dentro de
su trabajo.
Los relieves nos llevan al terreno de lo
paisajístico, Agustín repara en puentes, casas y
construcciones rurales que, trazadas con particular óptica,
quedan sujetos a una regla impuesta por él, en tanto que se
articulan con carácter “Pictoricista”.
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En otro sentido,
y ya centrados
en la figura exenta, el autor libera del rigor mimético a la
materia,
articulando todo un catálogo de formas donde la
imaginación se imbrica
con el preámbulo que marca la forma y la trayectoria de la
veta.
El
resultado,
volúmenes sinuosos que, pugnando por evitar aristas,
nos conducen a un particular encuentro con lo sugerido con cierto aire
totémico y exvótico por momentos, que nos revela
su capacidad para
entonar y escuchar los sonidos del bosque en un ejercicio de personal
reflexión. |
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Agustín Sanz de la Fuente
nació en la provincia de Madrid, en un lugar
privilegiado, Rascafría, junto al monasterio de Santa
María de El
Paular.
Su entorno natural (La Montaña, el agua, el
bosque) le
atrae desde la cuna. La madera de los árboles que le rodean
es, desde
niño, su materia prima. Su compañero, que le
permite divertirse
haciendo, con una pequeña navaja, mil cosas
pequeñas que le sirven de
distracción.
La
madera sirve, después, para trasladar desde la
piedra, primero los monumentos que tiene cerca y, más tarde,
los
conjuntos arquitectónicos que ha ido encontrando en sus
viajes. ¿Y cómo
los traslada?. Incorporando, además, el aire, la vida y la
magia de los
objetos temáticos que elige.
Agustín utiliza sus formones y gubias
para dejar
impresos, en su
noble material, los puentes que señalizan el paso del agua,
los
senderos que recogen las huellas de las personas que hoy viven
allí y,
también, de las que antes pasaron y, sobre todo, las
verticales que,
como lanzas, apuntan al cielo que, inevitablemente, se siente como
prolongación cuspidal de sus obras.
Otra faceta de su arte es
la
incorporación de ideas primordiales (La cultura, la
maternidad) a su
línea materia, como si quisiera atraparlas para siempre y,
luego,
mostrarlas y compartirlas con todos, en un destello de
cándida
sencillez.
Cientos de horas,
para un ejercicio
que acaba apresando, también, a la persona que contempla su
obra. |
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